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El rabel de Porto es uno de los elementos más singulares del patrimonio cultural de la Alta Sanabria. Asociado tradicionalmente a los pastores y a la vida en las majadas de montaña, este instrumento de cuerda frotada ha acompañado durante siglos romances, coplas y cantos populares transmitidos de generación en generación.
Fabricado artesanalmente a partir de una sola pieza de madera, piel de oveja y crines de caballo, su sonido grave y profundo lo convierte en uno de los rabeles más originales conservados en la Península Ibérica. Tradicionalmente se tocaba en las cocinas durante las largas noches de invierno o mientras se cuidaba el ganado en los pastos de la sierra.
La tradición del rabel en Porto está estrechamente vinculada a la trashumancia y a los pastores que recorrían la Cañada Real entre Sanabria y Extremadura. Gracias a ellos, el instrumento siguió vivo durante siglos, formando parte de la identidad cultural del pueblo.

Entre los grandes guardianes de esta tradición destacan Amador Bruña, último gran constructor de rabeles de Porto, e Isidro Álvarez, uno de sus intérpretes más reconocidos. Su trabajo permitió conservar conocimientos, melodías y formas de construcción que hoy constituyen un valioso legado cultural.
El rabel posee además profundas raíces históricas. Instrumentos muy similares aparecen representados en las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio y en importantes monumentos medievales como las catedrales de León y Santiago de Compostela, lo que demuestra la antigüedad y relevancia de esta familia instrumental en la cultura ibérica.
Hoy el rabel sigue siendo uno de los símbolos culturales más representativos de Porto y de la Alta Sanabria, manteniendo viva una tradición musical que hunde sus raíces en la Edad Media.