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Antes de las carreteras modernas, Porto se recorría por una red de caminos, pasos y empedrados que conectaban el pueblo con sus ríos, huertos, montes, pastos y pasos de montaña. Las calzadas, las petadas y las pasales forman parte de esa arquitectura sencilla y útil creada para moverse por un territorio difícil, húmedo y montañoso.
En Porto, las calzadas son piedras colocadas lateralmente o sobreelevadas junto a calles y caminos para permitir el paso seco de las personas cuando el agua de lluvia embarraba el terreno. Algunos tramos conservados, como Pontepedriño o Valeiros, recuerdan la importancia de estos recorridos en la vida diaria.

Las pasales son piedras dispuestas en línea sobre el cauce de un río o arroyo. Permitían cruzar el agua saltando de piedra en piedra, sin necesidad de construir un puente. En Beiroríu y Entramboloríos aún se conservan ejemplos de este sistema tradicional.
Las petadas, por su parte, son tramos de camino muy pendientes, a menudo empedrados para facilitar el paso. Caminos, portos, portelas y petadas hablan de una Porto caminada durante siglos por vecinos, pastores, ganado y viajeros. Son pequeñas obras de ingeniería popular que siguen contando cómo se habitaba y se recorría la montaña.